Lo asombroso no es solo la coincidencia numérica, sino la comunión de sus sentidos. Con dos décadas de distancia, sus versos convergen en los mismos elementos poéticos y místicos. El destino guarda secretos que solo la poesía puede descifrar. ¿Cómo explicar que tras veinte años de silencio, el eco de un poema responda al murmullo de los poemas de su hija? ¿Cómo es que el mismo rayo de sol y la misma nube de El Paují esperaron dos décadas para ser nombrados de nuevo? Hay una simetría oculta que te llama desde estas páginas. No te resistas al susurro de la selva: vente a leer y descubre si el tiempo es real, o si solo somos versos que se encuentran en el viento.